Arteriopatía Periférica

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ARTERIOPATÍA PERIFÉRICA

1.  ¿En qué consiste la arteriopatía periférica?

Se trata de una enfermedad que afecta sobre todo a las arterias de las extremidades inferiores y está producida por la dificultad de la circulación de la sangre a través de estas arterias. De la misma forma que la arteriosclerosis produce una cardiopatía isquémica cuando afecta a las arterias coronarias, o una enfermedad cerebrovascular cuando afecta a las arterias que irrigan el cerebro, en este caso la estrechez de las arterias se localiza en las extremidades inferiores. 


 2. ¿Qué síntomas ocasiona esta enfermedad?

Hemos dicho que la enfermedad consiste en una deficiente circulación de la sangre por las extremidades inferiores. La sangre arterial llega con dificultad a nivel de las piernas

Al principio puede no haber ningún síntoma y sólo el médico puede detectar la enfermedad al notar una ausencia de los pulsos de los pies cuando explora rutinariamente a su enfermo. 

Más adelante pueden aparecer las primeras molestias. Efectivamente, cuando la demanda de oxígeno aumente, las arterias deterioradas no van a ser capaces de aportar la suficiente sangre oxigenada. 

Esto ocurre al realizar cualquier esfuerzo. El enfermo nota que cuando lleva un rato caminando un intenso dolor en las pantorrillas o a veces en una sola, le obliga a pararse y descansar. Curiosamente puede precisar exactamente cuántos metros le permite caminar su pierna sin tenerse que parar 500, 300, 200 metros, el umbral cada vez es menor a medida que progresa la enfermedad. Es lo que se denomina claudicación intermitente. Finalmente el dolor puede aparecer en reposo, las arterias han llegado a un grado extremo de deterioro, pueden aparecer trastornos en la vitalidad de la extremidad, caída del vello, frialdad, trastornos de la piel, heridas que no curan y en la última fase úlceras importantes que pueden llegar a la gangrena. Afortunadamente la mayor parte de los enfermos no llegan a estos dramáticos extremos sobre todo si adoptan las sencillas medidas de tratamiento que pueden detener el avance de esta, de otro modo, penosa enfermedad.


 3. ¿Cómo se puede prevenir la claudicación intermitente?

La forma de prevenir esta enfermedad es la misma que sirve para prevenir todas las enfermedades relacionadas con la arteriosclerosis.  Son sobradamente conocidos los factores de riesgo para la aparición de esta frecuente enfermedad arterial, el tabaquismo, la diabetes, el exceso de colesterol en la sangre, la hipertensión, la obesidad, etc.  Dos de estos factores actúan de forma especialmente intensa sobre las arterias de las piernas y son: el hábito de fumar y la diabetes.

 4. ¿Cómo se hace el diagnóstico?

Cuando la enfermedad está establecida, el diagnóstico es sencillísimo pues, al contrario de lo que ocurre con la mayor parte de las enfermedades, en este caso los síntomas son siempre «de libro», exactamente como los hemos descrito.  Para detectarla antes de que el enfermo note ninguna molestia el médico practica unas exploraciones rutinarias que deben hacerse periódicamente sobre todo en enfermos de riesgo (fumadores, diabéticos, hipertensos, dislipémicos, … ). Estas exploraciones son tan simples que palpar los pulsos de las extremidades (superiores e inferiores) lo que no lleva más de uno o dos minutos.  Otra exploración que puede hacerse en la consulta del médico es la oscilometría mediante un manguito similar al usado para determinar la tensión arterial colocado en este caso en las piernas y que permite determinar el estado de la circulación arterias de forma más sensible. Otra exploración asequible en la consulta del médico es el Doppler.  Exploraciones más complejas pueden realizarse cuando existan dudas o cuando vaya a procederse a una intervención quirúrgica.

5.  ¿Cuál es ese tratamiento que impide la progresión de la enfermedad? ¿Cuáles son esas sencillas medidas?

La verdad es que nos encontramos aquí con medidas de nuevo aparentemente sencillas pero a la hora de la verdad son terriblemente difíciles de llevar a cabo.  Estas medidas simples y eficaces son las siguientes:

– Cuidados de la piel, que ya hemos visto que esta carente de vitalidad y es muy sensible a heridas que luego serán difíciles de curar.

-Evitar por tanto golpes y lesiones de todo tipo sobre las piernas.

-Tratamiento inmediato de cualquier herida o infección que aparezca

-Control de todos los factores de riesgo para la arteriosclerosis y sobre todo de la diabetes.

-Hacer el ejercicio fisíco que permita la enfermedad de forma regular.

-Y la medida más importante y eficaz que realmente detiene el avance de la enfermedad e incluso es capaz de producir una auténtica mejoría es la SUPRESIÓN DEL TABAQUISMO.

Tal vez ésta sea una de las enfermedades que llevaron a la comunidad médica a plantearse el tabaquismo como una auténtica drogadicción sobre la que se debería investigar y para la que merecía la pena diseñar un tratamiento de ayuda para fumadores empedernidos.  Efectivamente, muchos de estos enfermos, aun sabiendo que la única posibilidad de tratamiento y mejoría es abandonar el tabaco, se ven incapaces de hacerlo.  Ver enfermos que han sufrido una amputación de un pie o una pierna por culpa del tabaco y siguen fumando, aún sabiendo que pueden perder la otra, y ver como llegan a perder otra extremidad sin ser capaces de haber dejado de fumar demuestra, indudablemente, que dejar de fumar es para muchas personas algo más que una cuestión de fuerza de voluntad.

 – Además de estas imprescindibles medidas higiénicas, pueden ser necesarios unos fármacos cuya eficacia, siendo menor que la de las medidas anteriores, no es  desdeñable. Recientemente se ha incorporado  un nuevo fármaco, el cilostazol con eficacia claramente demostrada (grado de evidencia A, como se valora en los medios científicos hoy en día) para mejorar los síntomas de estos pacientes y la distancia que pueden caminar sin dolor.

6.  ¿Cuándo está indicado el tratamiento quirúrgico?

Puede efectuarse un tratamiento quirúrgico a base de reconstruir los segmentos arteriales lesionados o establecer comunicaciones «by-pass» que eviten las zonas en que el flujo sanguíneo esté dificultado.  En casos seleccionados pueden practicarse angioplastias translaminares (técnica igual a la descrita en el apartado dedicado a la angina de pecho y el infarto).

En general estas intervenciones tienen un riesgo importante que viene condicionado por la propia arteriosclerosis que como sabemos puede haber afectado también a la circulación coronaria añadiendo un riesgo más al propio de la edad, normalmente avanzada, de estos enfermos.  Por ese motivo se prefiere normalmente diferir la operación a los casos en los que se hayan agotado las opciones terapéuticas más conservadoras.

Bibliografía

VAUGHAN, C. «Claudicación». British Medical Joumal (edición españo la). 1986; 1:27-8

Burns P, Gough S, Bradbury AW. Management of peripheral arterial disease in primary care.  BMJ 2003;326 584-588( 15 March )

Hirsch et al. ACC/AHA Guidelines for the Management of PAD Journal of the American College of Cardiology.2006:1–75

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